El Bosque - Lo que hay en el Bosque

Lo que hay en el Bosque:

El bosque de Gesell son catorce hectáreas donde los médanos y su primera vegetación han quedado intocados. El paseo entre sus lomadas y barrancas presenta continuamente cambios de paisaje que nos asombran. Como en todo bosque, la mejor manera de verlo es perderse en él. Nos encontramos desde el bosque de altos pinos que no permiten que crezca vegetación en el suelo, en los cuales la arena mezclada con las hojas muertas de tantos años y tímidamente crecen pasto o yuyos aquí o allá , hasta los macizos de álamos jóvenes que crecen tan juntos que forman paredes entre las que se recortan pequeños senderos laberínticos.

También se pueden encontrar dos puentes, uno de quebracho y otro de ramas caídas del mismo bosque, que salvan lugares usados como reservorios de desborde de agua de lluvia. En estas pequeñas lagunas aparece una flora acuática, particularmente deslumbrante durante la primavera que las transforma en un plano de verde joven donde el sol se filtra entre los árboles formando un tapiz sutil, y en donde se escucha en el atardecer de un día lluvioso el croar metálico de las ranas. En una de ellas se puede ver una misteriosa escultura, una mujer desolada por el abandono, enmedio de una isla. Se trata de Ariadna en Naxos , del escultor geselino (y también arquitecto) Pablo Carrau. Su tema está vinculado al mito del Laberinto del cual hablamos más adelante.

En los sitios donde los pinos se mezclan con los álamos, los sauces y los eucaliptos, el piso se forma con plantas que crecen con notable regularidad. Así podemos ver mantos de hiedra, que no conformes con ocupar todo el suelo envuelven todos los accidentes que encuentran: ramas, árboles caído, pozos, e incluso troncos enhiestos y hasta árboles enteros. También se ven grandes mantos de vincas, planta vivaz de hojas lustrosas y flores pentagonales de un violáceo acelestado, y también, aquí y allá, pequeños mantos blancos de ajos silvestre, cuyos tallos hay quienes usan en sus ensaladas.

En todo este paisaje siempre renovado y asombroso, hay cuatro lugares que por sus características tenemos que señalar en forma diferenciada: el Vivero, que definimos como colección botánica o arboretum, el Museo o casa histórica, el chalet de don Carlos y el conjunto que forman los antiguos talleres de la Empresa Gesell.

Todo esto formó, sin duda, el centro del incipiente universo geselino. Fue el espacio de la creación y la invención. El taller de don Carlos cumplía la función que cumplen los corralones municipales y áreas de planeamiento urbano, porque la Villa que nacía recordaba a la polis, la ciudad estado. Pero también era el lugar donde «El Viejo Gesell» ponía en práctica sus mil inventos. Un grupo de seguidores acataba sus órdenes para construir un vehículo anfibio que nunca funcionó, reinventar el líquido para frenos a base de solo agua, o electrodos para soldar más baratos, y hasta se hacían pruebas con dinamita para tratar de hacer más resistente el suelo arenoso, tratando de compactar

 

Ahora trabajan aquí otros talleres que tratan de conservar y acrecentar la cultura de este primer centro del mundo. Incluso uno adoptó con orgullo ese nombre: el Taller en el Bosque. Pero el primer «taller» para don Carlos fue su querido vivero, que se fue transformando en una formidable colección de especies de todo el mundo.